Llevo años parado en dos lugares distintos de la misma cancha: como entrenador de fútbol juvenil, y como psicólogo deportivo dentro de academias formativas. Desde ahí he visto una y otra vez la misma escena: un niño o una niña que empezó el deporte con entusiasmo y que, a los pocos años, se aleja de él, cansado, frustrado o simplemente aburrido. No es un problema de talento ni de condición física. Es, casi siempre, un problema psicológico que nadie entrenó a tiempo.
La deserción deportiva juvenil rara vez tiene una sola causa. Hay presión de resultados antes de contar con la madurez emocional para manejarla, miedo al error que se traduce en ansiedad frente al entrenador o los padres, comparación constante con otros niños, y una comunicación entre adultos —entrenadores, padres, directivos— que muchas veces transmite exigencia sin acompañamiento. El agotamiento competitivo, lo que en psicología del deporte llamamos burnout deportivo, también aparece a edades cada vez más tempranas, aunque en México todavía hablamos poco de él.
A nivel internacional, deportistas de élite como Simone Biles o Naomi Osaka pusieron el tema de la salud mental en el deporte en la conversación pública al priorizar su bienestar psicológico por encima de la competencia. Eso abrió una puerta importante: entendimos que la fortaleza mental no es simplemente “aguantar”, sino un conjunto de habilidades que se entrenan —autoconfianza, regulación emocional, manejo de la presión, comunicación— igual que se entrena una técnica deportiva. Y que esas habilidades no solo le corresponden al deportista: también al entrenador que dirige y a la familia que acompaña.
Esa convicción es la que me llevó, junto con la Universidad Anáhuac Puebla, a desarrollar el Curso en Psicología del Deporte, un programa construido desde mi experiencia directa en canchas y academias formativas. A diferencia de buena parte de la oferta introductoria en México, este curso no se queda solo en motivación y autoconfianza: aborda también el manejo del estrés y la ansiedad competitiva, la dinámica entre entrenador y familia, y temas que casi no se tocan localmente, como el burnout deportivo y la psicología de la lesión.
Está dirigido a psicólogos, entrenadores, profesionales de la salud y a cualquier persona interesada en acompañar el desarrollo integral de quienes hacen deporte, desde la niñez hasta el alto rendimiento. Porque formar mejores deportistas —y, sobre todo, mejores personas— empieza por entender qué pasa en su cabeza antes de lo que pasa en la cancha.