Se abre el telón.
En escena aparece un reclutador. Habla con entusiasmo de una empresa donde las personas pueden crecer, aprender y desarrollar su talento. Describe proyectos retadores, una cultura de colaboración y líderes que impulsan el desarrollo de sus equipos. El candidato sonríe, imagina su futuro en esa organización y acepta la entrevista.
Las luces se apagan.Entra el Hiring Manager. Llega tarde, revisa el teléfono mientras entrevista, desconoce el puesto y habla más de los problemas que de las oportunidades. El candidato sale agradeciendo el tiempo… pero con la decisión de no continuar en el proceso.
El telón cae.
Días después alguien pregunta:
—¿Por qué nadie acepta nuestras ofertas de trabajo?.
Durante muchos años pensé que una marca empleadora se construía al publicar una vacante atractiva o compartir fotografías de colaboradores felices en redes sociales. Hoy estoy convencida de que eso apenas representa el inicio de la historia.
La verdadera marca empleadora nace cuando la promesa que comunica el reclutador coincide con la experiencia que vive el candidato frente al líder que podría convertirse en su jefe.
El reclutador abre la historia. Despierta el interés y proyecta la cultura de la organización. Después entra en escena el Hiring Manager. En ese momento, el guion deja de ser discurso y se convierte en experiencia. Si ambos interpretan historias distintas, la confianza desaparece.
El sociólogo Erving Goffman explicaba que gran parte de nuestras interacciones sociales pueden entenderse como una representación en la que cada persona desempeña un papel frente a los demás. En el reclutamiento ocurre algo similar: cada llamada, entrevista y conversación comunica quién es realmente la organización.
Por eso considero que el verdadero desafío ya no consiste únicamente en atraer talento, sino en lograr que todos los actores involucrados interpreten el mismo libreto.
Esa es, precisamente, una de las conversaciones que impulsaremos en el Diplomado en Reclutamiento y Selección de Personal de Educación Continua de la Universidad Anáhuac Puebla. En este diplomado, los participantes desarrollarán una visión estratégica del reclutamiento, aprenderán a atraer talento en un mercado cada vez más competitivo, fortalecerán la marca empleadora y adquirirán herramientas para que reclutadores y líderes tomen decisiones de selección mejor fundamentadas, alineadas con la cultura organizacional y los objetivos del negocio.
Pero esta conversación no pertenece únicamente a quienes trabajan en Recursos Humanos.
Estoy convencida de que todo líder que acompaña, desarrolla e inspira a un equipo debería formarse en selección de talento, ya que cada contratación es una decisión estratégica que influye en la cultura, el desempeño y el futuro de la organización. Elegir a la persona adecuada no puede depender únicamente de la intuición o de una buena entrevista; requiere metodología, criterios objetivos y la capacidad de tomar decisiones informadas.
Al final comprendí que una marca empleadora nunca se construye cuando una empresa publica una vacante. Se construye cuando el candidato descubre que la historia que le contaron era verdad.
Porque la verdadera marca empleadora no se diseña desde un escritorio de Recursos Humanos. Se construye cada vez que un líder confirma con sus acciones la promesa que un reclutador comenzó a contar. Las organizaciones que entienden esto no solo atraen talento; inspiran a las personas a querer formar parte de su historia.